Por Ezequiel Del Bueno para futbolcurioso.blogspot.com
miércoles, 24 de abril de 2013
Rebotín rebotán
El torneo uruguayo conserva la vieja esencia del fútbol que trae nostalgias. Estadios que en nuestro país podrían ser de la B Metropolitana o la C y son de Primera División, alguna que otra murra inolvidable compatible con la siempre venerada garra charrúa o este tipo de cosas. Cerro le ganó 3 a 1 a Danubio y el tanto del descuento de Los Franjeados pinta de cuerpo entero al balompié Celeste. Leonardo Melazi pudo aprovechar este verdadero embrollo, pero ni así le alcanzó a los suyos para llegar al empate.
Por Ezequiel Del Bueno para futbolcurioso.blogspot.com
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viernes, 19 de abril de 2013
Para el amor no hay edad
Juan Carlos Ramírez (foto), José Percudani, Gerardo Reinoso y Juan José Serrizuela, quienes brillaron en Independiente en décadas pasadas, decidieron volver al fútbol. JJ es el único que no supera los 45 años.
Estas viejas glorias se sumaron al plantel de Porteño, un equipo que milita en la Primera B de la Liga Amateur Platense (segunda división del torneo más importante de la ciudad de La Plata). Oscar Olivera, director técnico de ese conjunto y también ex futbolista del Rojo de Avellaneda, fue quien los convenció de regresar a la actividad.
“Si bien es cierto que les falta un poco en lo físico tienen mucho para aportar porque las condiciones técnicas no se pierden. Estamos trabajando con seriedad y la verdad es que estamos muy entusiasmados”, le dijo Olivera a Fútbol Curioso.
Los que ya hicieron su presentación fueron el “Avión” Ramírez y el “Tiburoncito” Serrizuela. Este último debutó con todas las luces: gol y asistencia para el triunfo 2-0 sobre Capital Chica. En los próximos días será el turno de “Mandinga” Percudani y la “Vieja” Reinoso.
En total suman más de 600 partidos en Independiente y los cuatro se dieron el lujo de ser campeones con esa camiseta. Estos cuatro fantásticos, hoy con menos velocidad y unas cuantas canas, demostraron algo: nunca es tarde para volver.
Estas viejas glorias se sumaron al plantel de Porteño, un equipo que milita en la Primera B de la Liga Amateur Platense (segunda división del torneo más importante de la ciudad de La Plata). Oscar Olivera, director técnico de ese conjunto y también ex futbolista del Rojo de Avellaneda, fue quien los convenció de regresar a la actividad.
“Si bien es cierto que les falta un poco en lo físico tienen mucho para aportar porque las condiciones técnicas no se pierden. Estamos trabajando con seriedad y la verdad es que estamos muy entusiasmados”, le dijo Olivera a Fútbol Curioso.
Los que ya hicieron su presentación fueron el “Avión” Ramírez y el “Tiburoncito” Serrizuela. Este último debutó con todas las luces: gol y asistencia para el triunfo 2-0 sobre Capital Chica. En los próximos días será el turno de “Mandinga” Percudani y la “Vieja” Reinoso.
En total suman más de 600 partidos en Independiente y los cuatro se dieron el lujo de ser campeones con esa camiseta. Estos cuatro fantásticos, hoy con menos velocidad y unas cuantas canas, demostraron algo: nunca es tarde para volver.
lunes, 15 de abril de 2013
Machistas abstenerse
Indi Cowie, futbolista de Estados Unidos, grabó un video que causó furor en la red (está a punto de llegar al millón de reproducciones en Youtube).
Si no sos machista y querés ver más, podés visitar su página web oficial: http://indicowie.com/
jueves, 11 de abril de 2013
¡Qué carita!
El rostro de Phil Jones grafica a la perfección cómo sufrió el United el gol de Sergio Agüero que definió el clásico de Manchester en favor del City. Aplausos para el Kun por su valiosa conquista y para Ian Hodgson, el fotógrafo que inmortalizó semejante cara.
lunes, 8 de abril de 2013
Cuatro palos
Una jugada increíble, que difícilmente tenga algún antecedente. Para agarrarse la cabeza durante un buen rato.
sábado, 30 de marzo de 2013
De campeón del mundo a futbolista amateur
Marcelo Delgado, quien hace unos días cumplió 40 años, decidió volver al fútbol. El Chelo jugará en For Ever, un club que milita en la Liga Amateur Platense (el mismo campeonato que jugó Juan Sebastián Verón). "Me sumé al plantel porque soy amigo del preparador físico y porque extrañaba un poco. Estoy entrenando con muchas ganas y esperando ansioso por el comienzo del torneo", cuenta el delantero.
Si bien la competencia oficial comenzará el sábado 6 de abril, ya disputó el primer amistoso con su nuevo equipo. El triunfo 3-0 sobre Fomento Los Hornos, con un gol suyo, alimentó la ilusión: "El objetivo de uno, que coincide con el de los muchachos y el cuerpo técnico, es pelear arriba".
El Chelo se había retirado en 2008, luego de vestir siete camisetas: Rosario Central, Racing, Boca, Belgrano, Cruz Azul de México, Barcelona de Ecuador y Selección Argentina. En total marcó 166 tantos y ganó 10 títulos, todos con el Xeneize (entre ellos, tres Libertadores y una Intercontinental).
"Soy feliz de estar en For Ever, me siento uno más del grupo. Me lo tomo con mucha seriedad y con todo el respeto que este club se merece", expresa con total sencillez.
No tendrá de compañero de ataque a Martín Palermo y tampoco hará de local en la Bombonera. Eso no le importa. Lo que quiere Delgado es volver a jugar al fútbol y, al mismo tiempo, ayudar a un club que se revolucionó a raíz de su llegada.
Si bien la competencia oficial comenzará el sábado 6 de abril, ya disputó el primer amistoso con su nuevo equipo. El triunfo 3-0 sobre Fomento Los Hornos, con un gol suyo, alimentó la ilusión: "El objetivo de uno, que coincide con el de los muchachos y el cuerpo técnico, es pelear arriba".
"Soy feliz de estar en For Ever, me siento uno más del grupo. Me lo tomo con mucha seriedad y con todo el respeto que este club se merece", expresa con total sencillez.
No tendrá de compañero de ataque a Martín Palermo y tampoco hará de local en la Bombonera. Eso no le importa. Lo que quiere Delgado es volver a jugar al fútbol y, al mismo tiempo, ayudar a un club que se revolucionó a raíz de su llegada.
Para leer la entrevista completa, hacer click acá.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Messi y Cristiano a los pelotazos
Andrzej Lenard es un pintor surrealista que llegó a tener fama mundial gracias a sus dos últimas obras. El polaco, quien se hace llamar ATFLenard, retrató a Lio y CR7 de una manera muy original. Mirá los videos.
viernes, 22 de marzo de 2013
Baldosas para un wing
* Cuento escrito por Ariel Scher y publicado en www.11wsports.com
En una baldosa, más chica o más grande, más rota o más sana, cabe todo. Lo sabía Carlos Alberto Rivada, wing derecho de los buenos, a quien le alcanzaba la superficie fecunda de cualquier baldosa para gambetear de allá hacia acá y de acá hacia allá, empastando los tobillos de los defensores rivales, avisándole a la lógica que quedaban cosas por inventar, descubriendo la jugada que nadie había escrito, haciendo de la pelota una socia, un amor o una hermana. Igual que cada pedacito del universo, una baldosa puede ser una nada o un mundo, según quién ponga los pies y la imaginación y la inteligencia y la audacia sobre esa baldosa. Rivada siempre hacía mundos y nunca hacía nadas sobre las baldosas, como recuerdan sus amigos y sus públicos. O como hubieran dicho las propias baldosas si, además de ser suelos de sueños, tuvieran voz. O como seguiría haciendo él, si no lo hubieran desaparecido.
En una baldosa, en las canchas de tierrita o en los campos que permiten que crezca el césped de fútbol, Rivada desparramaba destrezas y corridas, casi siempre en la Primera de Huracán de Tres Arroyos, su patria deportiva mientras, militante de más cuestiones que los goles, trabajaba para modelar lo que creía que sería una patria más digna no sólo en el deporte. Otra de sus patrias consistía en una vocación profesional, la ingeniería electrónica, que lo había hecho migrar de ida y con vuelta desde las baldosas de Tres Arroyos hasta las de Bahía Blanca, donde, futbolista en cada minuto, cursó la universidad pero no interrumpió el hábito de los pelotazos y se calzó la camiseta del club Liniers. Una patria más, la de las entrañas, tenía formas de familia y la compartía con su mujer, María Beatriz Loperena, y con sus chiquitos bien chiquitos, Josefina y Diego.
En una baldosa, en el espacio de una baldosa, Rivada se sacó de encima a un adversario durante el partido del 2 de febrero de 1977 que lo puso enfrente del campeón de Necochea, Estación Quequén. Jugó de wing derecho como cada vez y jugó para Huracán de Tres Arroyos como cada vez, pero la existencia no era la de cada vez. Las baldosas de la Argentina, el país en el que Rivada se había construido como futbolista, como militante, como ingeniero y como papá, temblaban por el paso de la barbarie y se hundían por el peso de una dictadura. Unas horas después de ese partido, en la madrugada del 3 de febrero, Rivada y su esposa fueron secuestrados en su casa del número 30 de la calle 9 de Julio. A Josefina y a Diego, los chiquitos, también los secuestraron y los abandonaron en las puertas de un hospital de la ciudad. Una enfermera los rescató del abismo, un núcleo familiar les permitió crecer en el cariño. Y sobre un millón de baldosas caminaron de allí en adelante preguntándose por su madre, por su padre, por qué.
Rivada es un nombre que suena como una emoción o como un legado en mil circunstancias del fútbol y, en especial, en las inminencias de cada 24 de marzo, la fecha bruta de 1976 en la que un régimen de horrores fue instalado en la Argentina. Y si ese nombre suena como suena es porque, baldosa sobre baldosa, hubo personas y organizaciones que recuperaron la historia de muchos nombres, los de los deportistas desaparecidos, y evidenciaron que el deporte queda adentro de la realidad y que la acción arrasadora de los dictadores y de sus secuaces dejó marcas en las canchas y en las pistas. Y si ese nombre suena como suena es, además, porque Diego Rivada, heredando lo que había que heredar, también apiló, junto con otra gente, baldosas sobre baldosas, ladrillos sobre ladrillos y sudores sobre sudores para que un club destrozado, el Deportivo Barracas de General Lamadrid, recobrara vitalidad, se convirtiera en un lugar donde respiran y sonríen muchísimos chicos y reivindicara el valor del deporte como una posibilidad para transformar y para transformarse. O sea para que, con creatividad, con compromiso y con alegría, las baldosas sobre las que se levanta el presente se sostuvieran en los cimientos que le dieron sentido a los días de su papá.
Ahora, en Tres Arroyos preparan una baldosa que diga María Beatriz Loperena y que diga Carlos Alberto Rivada. La estamparán delante del número 30 de la calle 9 de Julio. A simple interpretación, se dirá que esa baldosa expresará un homenaje. Sin embargo, será más que eso. En una baldosa cabe todo. Y en esa, la que va a florecer frente a esa casa, respiran la memoria y la justicia, laten la vida y un wing derecho, están Carlos Alberto Rivada y lo mejor de la humanidad.
En una baldosa, más chica o más grande, más rota o más sana, cabe todo. Lo sabía Carlos Alberto Rivada, wing derecho de los buenos, a quien le alcanzaba la superficie fecunda de cualquier baldosa para gambetear de allá hacia acá y de acá hacia allá, empastando los tobillos de los defensores rivales, avisándole a la lógica que quedaban cosas por inventar, descubriendo la jugada que nadie había escrito, haciendo de la pelota una socia, un amor o una hermana. Igual que cada pedacito del universo, una baldosa puede ser una nada o un mundo, según quién ponga los pies y la imaginación y la inteligencia y la audacia sobre esa baldosa. Rivada siempre hacía mundos y nunca hacía nadas sobre las baldosas, como recuerdan sus amigos y sus públicos. O como hubieran dicho las propias baldosas si, además de ser suelos de sueños, tuvieran voz. O como seguiría haciendo él, si no lo hubieran desaparecido.
En una baldosa, en las canchas de tierrita o en los campos que permiten que crezca el césped de fútbol, Rivada desparramaba destrezas y corridas, casi siempre en la Primera de Huracán de Tres Arroyos, su patria deportiva mientras, militante de más cuestiones que los goles, trabajaba para modelar lo que creía que sería una patria más digna no sólo en el deporte. Otra de sus patrias consistía en una vocación profesional, la ingeniería electrónica, que lo había hecho migrar de ida y con vuelta desde las baldosas de Tres Arroyos hasta las de Bahía Blanca, donde, futbolista en cada minuto, cursó la universidad pero no interrumpió el hábito de los pelotazos y se calzó la camiseta del club Liniers. Una patria más, la de las entrañas, tenía formas de familia y la compartía con su mujer, María Beatriz Loperena, y con sus chiquitos bien chiquitos, Josefina y Diego.
En una baldosa, en el espacio de una baldosa, Rivada se sacó de encima a un adversario durante el partido del 2 de febrero de 1977 que lo puso enfrente del campeón de Necochea, Estación Quequén. Jugó de wing derecho como cada vez y jugó para Huracán de Tres Arroyos como cada vez, pero la existencia no era la de cada vez. Las baldosas de la Argentina, el país en el que Rivada se había construido como futbolista, como militante, como ingeniero y como papá, temblaban por el paso de la barbarie y se hundían por el peso de una dictadura. Unas horas después de ese partido, en la madrugada del 3 de febrero, Rivada y su esposa fueron secuestrados en su casa del número 30 de la calle 9 de Julio. A Josefina y a Diego, los chiquitos, también los secuestraron y los abandonaron en las puertas de un hospital de la ciudad. Una enfermera los rescató del abismo, un núcleo familiar les permitió crecer en el cariño. Y sobre un millón de baldosas caminaron de allí en adelante preguntándose por su madre, por su padre, por qué.
Rivada es un nombre que suena como una emoción o como un legado en mil circunstancias del fútbol y, en especial, en las inminencias de cada 24 de marzo, la fecha bruta de 1976 en la que un régimen de horrores fue instalado en la Argentina. Y si ese nombre suena como suena es porque, baldosa sobre baldosa, hubo personas y organizaciones que recuperaron la historia de muchos nombres, los de los deportistas desaparecidos, y evidenciaron que el deporte queda adentro de la realidad y que la acción arrasadora de los dictadores y de sus secuaces dejó marcas en las canchas y en las pistas. Y si ese nombre suena como suena es, además, porque Diego Rivada, heredando lo que había que heredar, también apiló, junto con otra gente, baldosas sobre baldosas, ladrillos sobre ladrillos y sudores sobre sudores para que un club destrozado, el Deportivo Barracas de General Lamadrid, recobrara vitalidad, se convirtiera en un lugar donde respiran y sonríen muchísimos chicos y reivindicara el valor del deporte como una posibilidad para transformar y para transformarse. O sea para que, con creatividad, con compromiso y con alegría, las baldosas sobre las que se levanta el presente se sostuvieran en los cimientos que le dieron sentido a los días de su papá.
Ahora, en Tres Arroyos preparan una baldosa que diga María Beatriz Loperena y que diga Carlos Alberto Rivada. La estamparán delante del número 30 de la calle 9 de Julio. A simple interpretación, se dirá que esa baldosa expresará un homenaje. Sin embargo, será más que eso. En una baldosa cabe todo. Y en esa, la que va a florecer frente a esa casa, respiran la memoria y la justicia, laten la vida y un wing derecho, están Carlos Alberto Rivada y lo mejor de la humanidad.
martes, 19 de marzo de 2013
Silencio, por favor...
Señores, se ruega hacer silencio... ¡va a hablar el fútbol..!
Por DickieR. para futbolcurioso.blogspot.com
Lionel Messi vs. Cristiano Ronaldo 2012-2013
Por DickieR. para futbolcurioso.blogspot.com
miércoles, 13 de marzo de 2013
Con el hurón a todas partes
El disparatado espacio de Facundinho - Capítulo III
He visto que un partido se suspenda por agresiones al referí, disturbios entre las hinchadas, cortes de luz, y hasta en alguna ocasión, que un equipo pegue muchas murras y se quede con 6. Es relativamente común que algún perro o gato se meta dentro del campo de juego... pero ¿un hurón? Eso es too much.
* El disparatado espacio de Facundinho es la sección más irracional del blog. Aparece esporádicamente y es gentileza del fenomenal Facundo Bonetto. Sus anteriores entregas: Capítulo I / Capítulo II.
He visto que un partido se suspenda por agresiones al referí, disturbios entre las hinchadas, cortes de luz, y hasta en alguna ocasión, que un equipo pegue muchas murras y se quede con 6. Es relativamente común que algún perro o gato se meta dentro del campo de juego... pero ¿un hurón? Eso es too much.
Antes que nada quiero ser sincero: hasta no ver el video no tenía puta idea de qué era un hurón. Me imaginaba una rata con alas y colmillos puntiagudos. Luego, al verlo, me dio mucha ternura: salvaje, clandestino, hermoso.
Salvemos a los hurones de los estadios de fútbol, para todo lo demás existe Master Card.
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